El estudiante y la revolución[1]
José Leonel Rugama Rugama
(Estelí 21 de marzo de 1949 - Managua 15 de julio de 1959)
La
revolución
El concepto amplio de
revolución implica el cambio a normas pre-establecidas; dichas normas
involucran bien a un individuo, a un grupo o a un conjunto de grupos.
Se puede considerar que toda
revolución es función de la evolución humana, ya que ésta lleva impresa una
velocidad pasmante[2]
y el recipiente que contiene al hombre se torna obstáculo para su propia
evolución; debe romperlo, igual que a los forjadores de su límite.
La trayectoria desde el
engrandamiento de la idea hasta la activación del cambio (permutación)[3]
es lo que se considera revolución.
Si hay normas que obstruyen o mutilan el
íntegro o parcial desarrollo humano, se debe activar la revolución para lograr
la integridad humana en la mayor parte de sus fases.
Esta revolución comprende (y
compromete) a todos los afectados por las normas anteriores; se presenta,
exactamente, como un deber de defensa. Al no activar la revolución contra las
normas aplastantes, y estuvo en capacidad de destruir las normas.
La revolución también
compromete a los visionarios[4]
que no son directamente afectados por la dureza de las normas, pero si conocen
esa realidad, tienen el deber de activar la revolución, pues los oprimidos
fácilmente mueren ignorando la realidad de su muerte. La culpa cae entonces en
los visionarios, convirtiéndose en criminales.
En todos los tiempos la
activación de la revolución se ha llevado a cabo de dos formas:
a) Revoluciones
pacíficas, es decir, aquellas que persiguen un cambio sin esfuerzo físico y con
un super-esfuerzo intelectual. Se yergue como clásica la revolución de Ghandi
en la India. También el cristianismo logró su establecimiento a base de una
revolución pacífica.
b) Revoluciones
violentas: son el producto de un estado máximo de opresión. Una revolución
violenta viene a ser el único camino que le queda al hombre. Si con el triunfo
de ésta no se logra totalmente la propia integración, por lo menos se hereda a
los descendientes la integración y la dignidad humana.
En la revolución violenta
sobresale el poder de la fuerza física, pero es absolutamente necesario que
esté controlado por el intelecto de manera directa. La revolución triunfa si no
se combina la fuerza bruta y el trabajo intelectual.
Campos
de la revolución
Los campos en los que la
revolución se desenvuelve ofrecen cantidad y diversidad.
El campo más reducido de una
revolución es el campo subjetivo; pero no por el hecho de ser reducido plantea
menores dificultades: hay luchas sangrientas en pro del triunfo de una
revolución interior.
Luego se presenta la
revolución en el matrimonio, el hogar, la colonia o barrio, el departamento o
ciudad, el continente y el universo.
Todas estas revoluciones
conforman una sola revolución. No obstante, puede llamarse revolución prima a la librada en el propio interior.
Generalmente se asciende de
grado en la revolución, cuando logra un triunfo eficaz en cada uno de los
momentos. El logro de la revolución personal hace alcanzar al individuo una
visión racional de los acontecimientos. Estos, naturalmente, suelen presentarse
favorables o desfavorables. Todos los campos están llenos de sacrificios y
escollos; y sólo es posible avanzar endureciendo la voluntad, fuerza
santificante del revolucionario. La rudeza de la lucha sólo se logra saborear
revolucionando el grado más bajo.
Etapas
de la revolución
Toda revolución atraviesa
dos etapas fundamentales, que revisten una dureza relativa al caso que trata de
revolución. Cuanto mayor sea el cambio planteado por la revolución, mayor será
el rigor de sus etapas. En su expresión más elemental, considero que son dos
las etapas marcadísimas por las que toda revolución debe pasar: a) Destrucción;
y b) Construcción.
a) Destrucción.
Cuando se persigue un cambio, es preciso limpiar el sitio donde deseo hacerlo.
A esta limpieza se le denomina destrucción. Entre mayor es el cambio, más
terreno habrá que limpiar para poner el permutante. Pero por pequeño que sea el
cambio la etapa destructiva tiene siempre un matiz de dolor.
b) Construcción.
Una vez finalizada la primera etapa, el terreno está listo para poner el
permutante. En la etapa de construcción hay que prever y doblegar a dos fuerzas
que tratan de obstaculizar los avances de la revolución. La primera está
constituida por los constructores de lo ya destruido, personas inconformes que
únicamente satisfacían sus necesidades y lujos personales. La segunda fuerza la
componen los oportunistas quienes, al ver el terreno listo, tratan de usurparlo
para lograr su propio bienestar.
La trascendencia de esta
etapa se hace más evidente con una simple afirmación: construir requiere mayor
intuición y habilidad que destruir.
Clases
de revolución
Las revoluciones se
presentan de dos clases. La primera clase es aquella que se presenta cuando los
cambios son absolutamente necesarios e inevitables, y que se propone sustituir
normas humanas por reglas humano-integrales. Esta revolución la activan
individuos honestos que no quieren suicidarse con las normas conocidas. En esta
revolución también forman parte activa de los llamados visionarios, personas
que se niegan a manchar sus manos con sangre indeleble de los oprimidos.
La segunda clase de
revolución se presenta cuando los cambios son innecesarios y contraproducentes.
Se propone cambiar normas necesarias por reglas bestiales-destructivas. Esta
revolución es activada por opresores que persiguen su reducido y transitorio
bienestar. Generalmente es efectuada por mercenarios y criminales a sueldo.
Tesoneros
de la revolución
Las revoluciones han tenido,
tienen y tendrán sus tesoneros. En las revoluciones justas, son hombres de una
elevada mística revolucionaria y de un espíritu de sacrificio acorde con una
fuerte voluntad. En mi concepto, un revolucionario de tal naturaleza es un
santo militante en pro de la humanidad.
“Este tipo de lucha nos da
la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más alto de la
especie humana; pero también nos permite graduarnos de hombres”. ERNESTO
GUEVARA.
“Como si la lucha no es el más
alto de los cantos y la muerte el más grande”. FERNANDO GORDILLO.
Careamiento
con la revolución
Cuando se padece una
situación y se objetan sus formas de resolución, es deber del individuo atender
y analizar las maneras adecuadas de solucionar el problema.
Ya he recalcado
anteriormente que los primeros que logran comprender el problema no son las
propias víctimas de la situación, sino los visionarios que se encuentran
exentos de determinadas pasiones.
Quiero hacer hincapié en
algo: al sufrir un grupo de individuos una intolerable situación de violencia,
todos nos encontramos en el deber de enfrentarnos a la realidad. Unos para
sustentarla y otros por honestidad y vergüenza humana.
El individuo no debe
quedarse en el análisis infructuoso de la situación; el análisis debe servirle
para llegar a una situación teórica del problema y, luego, debe llevarle a la
activación de la teoría. Llegamos al conocimiento pleno de la urgencia del salto
revolucionario, debe tenerse la hombría de encararse con él. Este paso hace
flaquear a una gama de conformistas seudorevolucionarios. Muchos se ven
turbados. Y los únicos que superan este estado son los individuos honestos, que
pasan a ser auténticos revolucionarios. Los demagogos que se quieren hacer
pasar por tales, con el tiempo descubren su gran vacío de conciencia.
También es notorio que la
comprensión de la realidad revolucionaria llega primero a un reducido grupo, y
que paulatinamente dicha realidad penetra en todos los campos.
Al llegar al grado máximo de
careamiento con la realidad revolucionaria, incluso quienes la han asumido
pasan por etapas de profundas confusiones y dudas, dificultades que no pueden
ser superadas sino con la fuerza de la convicción.
Después del careamiento con
la realidad revolucionaria, muchos aún no se orientan hacia ella. Están
amarrados a lazos afectivos y familiares. No comprenden que el compromiso es la
columna fundamental de una generación determinada. Si la revolución clama por
el abandono de los propios efectos y lazos, el revolucionario debe abandonarlos
en aras de una causa justa.
Hay otra gama de individuos:
los que habiéndose careado con la realidad revolucionaria, son incapaces de
activarla. No hay método más bochornoso ni mentira más premeditada.
“Trabajan los cojos, los
mancos/ no habían ociosos ni desocupados”. “Los ciegos empleados en desgranar
maíz/los niños en cazar pájaros”. ERNESTO CARDENAL.
Obligación del individuo con
la revolución
La necesidad de la revolución nace de
situaciones precarias. Si el individuo se ha careado con la realidad
revolucionaria, se encuentra en la obligación de activarla.
El individuo es social en
primer plano y, antes que todo social. Por eso debemos tener presente el caso
de la América Latina como un bloque, un conjunto. Nosotros, los miembros de
esta generación, tenemos una sola meta, una sola columna que hacer girar.
Tenemos también la sangre que ilumina nuestros pasos; la de nuestro hermano
mayor SAN ERNESTO CHE GUEVARA. Somos la generación comprometida con la
situación.
Se nos presentarán
obstáculos queriendo detener nuestra marcha.
En primer término, ese afán
mediocre de querer VIVIR OTRO MOMENTO SOLO POR VIVIR, SIN DARNOS CUENTA DE QUE
SI NO ORIENTAMOS NUESTROS ACTOS A LA LIBERACIÓN DEL PUEBLO, LO QUE HACEMOS ES
CONDENAR MÁS AL PUEBLO QUE ES INOCENTE.
El mismo temor de
entregarnos a la vida sacrificada y de auténtica mística revolucionaria, es lo
que nos hace caer en el más fatal conformismo. O nos hace esperar que la
situación se solucionará de un momento a otro sin poner de nuestra parte; o
bien, esperar que otros la solucionen.
Aún no logramos comprender
que la entrega total de nuestra vida orientada a la liberación del pueblo
representa nuestra MUERTE, pero con ella estamos dando VIDA. El deber del
revolucionario es hacer la revolución, sin saborear la idea de ver el triunfo.
“La revolución para nuestra
generación debe se la comunión para sublimarnos en la especie”.
Un futuro
revolucionario. Nuestra misión es
inconmensurablemente humana, y es por eso que supera cualquier otra misión.
Obligación
del estudiante con la revolución
Me refiero en este apartado
a los estudiantes que han superado la etapa intermedia educacional, es decir, a
los UNIVERSITARIOS. Considero que en su mayoría se encuentran en maduración,
próxima a su estabilización parcial. Desde el momento de pisar la universidad,
adquieren un compromiso social muy amplio. Quiero hacer un análisis de este
grupo privilegiado dentro de la sociedad.
El estudiante, a pesar de su
visión teórica de la situación, posee un conocimiento restringido de la misma.
Por lo tanto, el estudiante debe convivir un tiempo con la clase oprimida y
conocer así sus problemas. Después de cumplir esta tarea, hay que preguntarse
cuáles son las causas de la explotación, y cuáles son los remedios. La
revolución pacífica no soluciona nada, ya que el pacifismo requiere un alto
grado de cultura que nuestro pueblo no posee. Las víctimas poco pueden hacer en
un país donde escasamente conocen la ignorancia. Sobre estas consideraciones
sacadas por el individuo-estudiante, éste debe llegar a una solución honesta.
“Somos culpables profundamente de cada muerto de hambre, somos culpables de
todos los males y de cada uno en particular”. Y el universo hará justicia sobre
nosotros mientras aullamos como perros angustiados. Mientras poseamos al
alcance de la mano la solución del problema y no las activemos, somos más
devastadores que el tifus y que todas las pestes sumadas.
El estudiante tiene la
obligación de despertar a la masa oprimida y mostrarle el sendero de su propia
redención. Si no cumplo exactamente como está indicado soy homicida, soy el
único homicida, porque el hecho de que seamos varios conocedores del problema
no va a justificar mi falta. “Soy el único homicida de la masa”.
De lo anterior se desprende
que el estudiante debe de adherirse a una organización netamente
revolucionaria. Una vez adherido, debe estar alerta a ejecutar las tareas que
se le indiquen. Es sumamente importante para el revolucionario-estudiante la
lectura de obras que señalen los métodos que otros pueblos han empleado para su
liberación, y de este modo ir creando un método propio.
Habrá momentos en que la
organización exigirá al estudiante el abandono de sus estudios y la dedicación
completa a tareas revolucionarias. En el momento de ese llamado es cuando el
estudiante comienza a medirse con el termómetro del auténtico revolucionario.
Si en la labor que
realizamos dentro de la masa para su propia liberación se necesita nuestra
vida, sembrémosla sin esperar que sea mencionada en la historia de las
generaciones. Pero estemos seguros de que nuestros huesos son la columna de esa
historia.
Estelí, Nicaragua, 1968.
[1] Leonel Rugama Rugama
(1949 – 1970). La tierra es un satélite de la luna. Managua. Editorial Nueva
Nicaragua. 3ª. ed. Colección Letras de Nicaragua Nº. 6.
[2] Pasmar. tr. Enfriar mucho o bruscamente. U. t. c. prnl.
|| 2. Helar las plantas en tanto grado, que se quedan secas y abrasadas.
U. t. c. prnl. || 3. Ocasionar o causar suspensión o
pérdida de los sentidos y del movimiento. U. m. c. prnl. ||
4. Asombrar con extremo.
Fuente: DRAE 2009.
[3] Permutar.
tr. Cambiar algo por otra cosa, sin que en el cambio entre dinero a no ser el
necesario para igualar el valor de las cosas cambiadas y transfiriéndose los
contratantes recíprocamente el dominio de ellas. || 2. Variar la
disposición u orden en que estaban dos o más cosas. Fuente DRAE 2009.
[4][4] Visionario,
ria. adj. Dicho de una persona: Que se adelanta a su tiempo o tiene visión
de futuro. Apl. a pers., u. t. c. s. Fuente: DRAE 2009.
